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martes, 21 de octubre de 2008

¿ESCÁNDALO? A PRIORI EN CASO MARTORELL



No puedo guardar silencio, y me voy a arriesgar a opinar sin tener mayor conocimiento, sin escuchar rumores de pasillos de lo que pueda ocurrir en la universidad, sin escuchar al señor Martorell que es mi profesor de Prensa Comparada, sólo voy a opinar después de leer La Nación como cualquier lector tiene el derecho de hacerlo, con el detalle que lo haré como estudiante de Periodismo de la Universidad Diego Portales.


Francisco Martorell, director de la revista El Periodista, profesor de la UDP y vicepresidente del Colegio de Periodistas de Chile (ahora ex), fue suspendido por un año de este último por faltas a la ética. Grave.


El Tribunal de Ética y Disciplina del Colegio de Periodistas, estableció que Martorell violó seis artículos del Código de Ética. Esto en un reportaje publicado hace algunos meses en que al parecer no tenía las cuñas que publicó.


A priori, el Caso Martorell, como se me ocurre llamarlo, me descoloca. Es extraño saber esto de un profesor que te cae bien, que te enseña que siempre debes recurrir a los dos lados de la noticia y que te explica los casos más emblemáticos de la prensa nacional en que los periodistas se han caído y equivocado con su deber de informar.


Todo lo que ocurre, a priori con el Caso Martorell, es muy contradictorio a la Universidad Diego Portales, por lo que no me gustaría que su nombre se manchara. La regla número uno de la facultad de Periodismo, es NO MENTIR, y así un desgloce de no copar o plagiar y de no poner cosas que no son comprobadas. Sé que no sólo es una regla de la universidad, es una regla del periodismo.


Todo resulta extraño, un poco ilógico o díficil de creer o entender. Todo es a priori, sin más conocimiento, pero es un hecho que me llega quizás más de cerca que a un simple lector de La Nación.





Más información sobre el caso:


LA NACIÓN

martes, 23 de septiembre de 2008

OLVIDAMOS LA BANDERA!!!

Se viene el 18. Llegó el 18 y se fue le 18. Eso nos dura nuestro síntoma patriótico, nuestro pie de cueca y el par o trio o un poco más de empanadas y el vaso de chicha, eso fue, ya pasó. Y el fiel reflejo de este lapsus de cuatro días en los 365 que dura el año, es la Bandera Nacional, nuestra Bandera Chilena.

Cada día son menos los mástiles que muestran sus Banderas en los jardines de las casas, y eso sólo pensando en la época de fiestas patrias, porque parece que está prohibido lucir la bandera el resto del año.

Y claro que es un lapsus, cada día, o cada 18, menos presente y menos importante. Nos preocupamos por comprar la carne, el copete y los pasajes, pero la Bandera ¿qué importa? Quizás ni siquiera hay que comprarla porque está en la pieza de los cachureos, pero aún así no da para pensar en ella.

Celebramos que somos libres, independientes, que somos una nación y además tranquila, libre de conflictos significativos e incluso bélicos, pero no nos acordamos que hace casi doscientos años, los patriotas eran capaces de dar la vida, y no por edificios ni bienes que tenemos ahora, sino que por la Bandera, por la patria, por el corazón, por un sentimiento que hace correr sangre por las venas, que nos llena de orgullo cuando alguien representa a Chile en el deporte o en la música o el integrante de la familia que está fuera del país, porque todo lo que podemos vibrar por Chile, es por la patria, es por la Bandera, es por nuestros colores, que son los que defendió O`Higgins, Carrera, Rodríguez y cuantos otros anónimos, por eso es lo que hoy estamos celebrando. Y a eso estamos faltando el respeto, cada día más, de esta forma estamos preparando el bicentenario, sin el significado original, sin recordar el por qué de los que somos.

Cuatro días de felicidad, canto, baile, jolgorio y derroche que existen gracias a la patria y a los patrióticos, y que olvidamos al ignorar la Bandera, al dejar de sentir la sangre que llevamos en nuestras venas.
 
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